dimarts, 8 de gener del 2013

Acoso moral y violencia doméstica

Carícies
Julia Almagro Barceló

Fragmento de la primera escena de Carícies:

DONA JOVE. Tenim moltes coses a dir-nos, encara, ho saps prou bé. Sé que hi ha coses que penses i calles perquè no vols dir- les, o no vols dir-me-les, sí, dir-me-les a mi, per algun problema teu que ignoro, que fins I tot tu mateix ignores, i això em fa mal, saps?, em fa mal, em dol, i em dol veure't així, veure'm així, veure'ns així, omplint amb paraules vanes vans instants de silenci, i amb insults, els teus insults, perquè és un insult el que acabes de dir, m'insultes, m'insultes quan dius que ja no tens res a dir-me.

HOME JOVE. Perdó. Un moment.

DONA JOVE. Per què m'interromps!! Sempre m'interromps quan començo a… a construir un… un discurs coherent que sobrepassi els… els monosÌl_labs que tant caracteritzen les nostres converses quotidianes!! Sembles ja la meva mare, i si vaig marxar de casa meva no va ser precisament per anar a viure amb una altra igual que ella o pitjor i tot!! Ni perdó ni moment!! Estava parlant jo i seré jo qui continuarà parlant!! A veure si comencem a canviar ja les coses en aquesta casa de merda, almenys en aquesta!

Ell li fa una violenta bufetada.

HOME JOVE. Quan una persona demana perdó, se'l perdona, es calla i se l'escolta, m'entens? I jo t'he demana perdó per fer un incís en el teu… meravellós discurs tan coherent i tan explícit, i penso fer-ho, penso fer-ho!!

Ell li pega una altra bufetada, encara més forta.

No he dit que jo ja no tingui res a dir-te, em sents?

La bufeteja per tercera vegada, salvatgement.

He dit que ja no tenim res a dir-nos. No jo. No tu. He dit nosaltres..

Silenci.

DONA JOVE. Què vols per sopar?

HOME JOVE. No ho sé. Què hi ha?

DONA JOVE. Hi ha carn, ous, amanida. Puc fer espaguetis, si et sembla bé.


(Edicions 62, col·lecció El Galliner, nº 127, Barcelona, 2009. 4rta edició. pp. 16-18)

El fragmento seleccionado me sirve como excusa para tratar un problema social que pienso nos involucra a todos, en cuanto, todo lo que significa la educación, la cultura, la formación del ser humano y su relación con el mundo y consigo mismo. Nos horrorizamos cuando se hace público el trágico fin de una víctima anónima, por unos instantes, hasta podemos sentir la terrorífica soledad que ha tenido que soportar junto con el inhumano sufrimiento padecido, que en muchos casos la ha llevado a su destrucción psíquica o hasta la muerte.


Cartell de l'adaptació cinematogràfica de Ventura Pons.
En líneas generales la obra de Belbel, con una impresión escénica minimalista, contrapone a este efecto unos diálogos que por ellos mismos tienen la capacidad emocional de absorver toda la atención del espectador hacia una sórdida temática psicológica con el trasfondo de relaciones de poder-sometimiento y la asimetrÌa que representa el sentido de las relaciones humanas desde el microcosmos familiar.
La obra de Belbel, pone de relieve el contexto sociocultural que permite ciertas perversiones de nuestra sociedad, que aunque se invite a sacarlas a la luz para combatirlas, siguen soterradas, con una apariencia exterior de normalidad este tipo de relaciones cuestan de identificar, porque preferiríamos relegar esta problem·tica a las clases desfavorecidas. Pero existen individios violentos en todos los ámbitos.
En este tipo de violencia, se impide que el otro se exprese, no hay diálogo. Se le niega su integridad. En realidad, no hay ninguna necesidad de emplear la fuerza para someter al otro; pueden utilizarse con la misma eficacia medios sutiles, repetitivos, velados, ambiguos. Estos actos o estas palabras suelen resultar más perjudiciales que una agresión directa que implicarÌa una reacción directa.
Al intentar dibujar el perfil del acosador o agresor, en terminología psicológica, y según la Dra. Hirigoyen: “es lo que se conoce como el perverso narcisista. Este sujeto solo puede existir si desmonta a alguien: necesita rebajar al otro para adquirir una buena autoestima y, mediante ésta, el poder. No tiene ni compasión ni respecto por el otro, puesto que su relación el otro, no le afecta. Respetar al otro supondría considerarlo en tanto que ser humano y reconocer el sufrimiento que se inflige” (Hirigoyen 1999: p.109).
Y sigue: “La mayoría de estos perversos usa su encanto y capacidad de adaptación para abrirse camino en la sociedad dejando tras de sí personas y vidas desvastadas. El individuo narcisista impone su domÌnio para reterner al otro. Pretende mantener al otro en una relación de dependencia. El otro debe permanecer para ser frustrado permanentemente; al mismo tiempo hay que impedir que piense para que no tome consciencia del proceso” (Hirigoyen 1999: p. 111).
El acoso psicológico persigue la destrucción moral. Como dice Ortega y Gasset: “Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no esté en posesión de sí mismo, que esté fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida y por ello no crea, ni fecunda, ni hinche su destino” (G.de Rivera 2005: p.18).
En las relaciones de pareja, suponer la complicidad de la víctima en el intercambio perverso, es una aseveración cuando menos simplicista, sobre la gravedad de unos hechos violentos.
Las agresiones son sutiles, no deja un rastro tangible y los testigos tienden a interpretarlas como simples aspectos de una realidad conflictiva entre dos personas de carácter, cuando, en realidad, constituyen un intento violento, y a veces exitoso, de destrucción moral e incluso física.
El agresor falsea la realidad y opera por sorpresa y secretamente. No ataca nunca frontalmente, sino de modo indirecto. El proceso adopta un modo particular de comunicación, basadas en actitudes paradójicas, las mentiras, el sarcasmo, la burla y el desprecio
El seductor trata de debilitar para transferir mejor sus ideas; así el dominador puede llegar a apropiarse de la víctima, igual que un verdadero lavado de cerebro.
Según el Dr. J.Baudrillard: “ La seducción conjura la realidad y manipula las apariencias. Ejercer una influencia sobre alguien supone conducirlo, sin argumentar, a que decida o se comporte de una forma diferente a como la haría de forma espontánea.
Y esencialmente se lleva a cabo mediante la seducción y la manipulación, se trata de imponerse, de anular las capacidades defensivas y el sentido crítico de la víctima, y así se elimina toda posibilidad de que ésta se pueda rebelar” (Hirigoyen 1999: p. 80).
La transformación de la víctima comienza también a exteriorizarse. Se inicia así un proceso de aislamiento. La víctima ha sido acorralada a una posición defensiva, presa del estrés y la depresión, el estado fésico exterior habla por sí mismo; mientras que el agresor se presenta al observador con un aire de perfecta inocencia y comodidad.
La víctima pierde la noción de su propia identidad. No puede pensar ni comprender. El objetivo es negar su persona y paralizarla para que no pueda surgir un conflicto. Se la tiene que atacar sin perderla.
La víctima no existe en tanto que persona, sino en tanto que soporte de una cualidad de la que el perverso intenta apropiarse. El perverso agarra a la vÌctima por sus principios básicos: sacrificio por los demás, valoración del trabajo y honradez.
La víctima necesita dar y los perversos narcisistas necesitan tomar. La víctima tiene una tendencia natural a culpabilizarse; y el perverso rechaza cualquier culpabilidad.
La víctima ideal es descrita por el psiquiatra alemán Tellenbach: “La víctima es una persona escrupulosa que tiene tendencia natural a culpabilizarse”; lo describe, “como un carácter predepresivo, el typus melancolicus. Se trata de personas apegadas al orden, en el ámbito del trabajo y en el de las relaciones sociales, que se sacrifican por los demás y que aceptan con dificultades que los demás las ayuden. Esto les ayuda a no tener mala conciencia” (Hirigoyen 1999: p.126).
El etólogo Boris Cyrulnik, escribe: “A menudo los melancólicos se casan con personas carentes de emotividad. El miembro menos sensible de la pareja vive su modesta vida no afectiva tanto más tranquilamente cuanto que el miembro melancólico, con motivo de su permanete culpabilidad, asume todas las preocupaciones. Los predepresivos se ganan el amor del otro siendo generosos y poniéndose a su disposición. Los perversos narcisistas se aprovechan de ello” (Hirigoyen 1999: p.126).
Para finalizar el retrato psicológico de los protagonistas de este conflicto, según Hirigoyen: “Los perversos no atacan la parte melancólica, sino la parte viva: perciben la vitalidad e intentan apropiarse de ella” (Hirigoyen 1999:128).

Conclusiones:

En todas las épocas ha habido seres carentes de escrúpulos, calculadores y manipuladores, y para los que el fin justifica los medios. Hoy día, la sociedad crea una competitividad y rivalidad que favorece el desarrollo de procesos perversos, lo vemos en la forma actual de hacer política, en los abusos de estafas de fraudes fiscales; todo ello fomentado por la corrupción que se impone, y que se ha convertido en moneda corriente.
Pero el hecho, es que en una sociedad injusta, seguirán existiendo miles de seres humanos, víctimas de los abusos, en cualquier ámbito donde la perversión humana se haya instalado y, a esto, es donde nuestra tolerancia debe poner límites.


Bibliografia:

Gonzalez de Rivera y Revuelta, J.L.: Las claves del mobbing. EOS. (2005)
Hirigoyen, M.France:
El acoso moral. El maltrato psicolÛgico en la vida cotidiana. Paidós.(1999).

Mujeres maltratadas. Los mecanismos de la violencia en la pareja. Paidós.

(2006).

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