Julia Almagro Barceló
Fragmento de la primera escena de Carícies:
DONA JOVE. Tenim moltes coses a
dir-nos, encara, ho saps prou bé. Sé que hi ha coses que penses i
calles perquè no vols dir- les, o no vols dir-me-les, sí,
dir-me-les a mi, per algun problema teu que ignoro, que fins I tot tu
mateix ignores, i això em fa mal, saps?, em fa mal, em dol, i em dol
veure't així, veure'm així, veure'ns així, omplint amb paraules
vanes vans instants de silenci, i amb insults, els teus insults,
perquè és un insult el que acabes de dir, m'insultes, m'insultes
quan dius que ja no tens res a dir-me.
HOME JOVE. Perdó. Un moment.
DONA JOVE. Per què m'interromps!!
Sempre m'interromps quan començo a… a construir un… un discurs
coherent que sobrepassi els… els monosÌl_labs que tant
caracteritzen les nostres converses quotidianes!! Sembles ja la meva
mare, i si vaig marxar de casa meva no va ser precisament per anar a
viure amb una altra igual que ella o pitjor i tot!! Ni perdó ni
moment!! Estava parlant jo i seré jo qui continuarà parlant!! A
veure si comencem a canviar ja les coses en aquesta casa de merda,
almenys en aquesta!
Ell li fa una violenta bufetada.
HOME JOVE. Quan una persona demana
perdó, se'l perdona, es calla i se l'escolta, m'entens? I jo t'he
demana perdó per fer un incís en el teu… meravellós discurs tan
coherent i tan explícit, i penso fer-ho, penso fer-ho!!
Ell li pega una altra bufetada,
encara més forta.
No he dit que jo ja no tingui res
a dir-te, em sents?
La bufeteja per tercera vegada,
salvatgement.
He dit que ja no tenim res a
dir-nos. No jo. No tu. He dit nosaltres..
Silenci.
DONA JOVE. Què vols per sopar?
HOME JOVE. No ho sé. Què hi
ha?
DONA JOVE. Hi ha carn, ous,
amanida. Puc fer espaguetis, si et sembla bé.
(Edicions
62, col·lecció El Galliner, nº 127, Barcelona, 2009. 4rta edició.
pp. 16-18)
El fragmento seleccionado me sirve
como excusa para tratar un problema social que pienso nos involucra a
todos, en cuanto, todo lo que significa la educación, la cultura, la
formación del ser humano y su relación con el mundo y consigo
mismo. Nos horrorizamos cuando se hace público el trágico fin de
una víctima anónima, por unos instantes, hasta podemos sentir la
terrorífica soledad que ha tenido que soportar junto con el inhumano
sufrimiento padecido, que en muchos casos la ha llevado a su
destrucción psíquica o hasta la muerte.
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| Cartell de l'adaptació cinematogràfica de Ventura Pons. |
En líneas generales la obra de
Belbel, con una impresión escénica minimalista, contrapone a este
efecto unos diálogos que por ellos mismos tienen la capacidad
emocional de absorver toda la atención del espectador hacia una
sórdida temática psicológica con el trasfondo de relaciones de
poder-sometimiento y la asimetrÌa que representa el sentido de las
relaciones humanas desde el microcosmos familiar.
La obra de Belbel, pone de relieve
el contexto sociocultural que permite ciertas perversiones de nuestra
sociedad, que aunque se invite a sacarlas a la luz para combatirlas,
siguen soterradas, con una apariencia exterior de normalidad este
tipo de relaciones cuestan de identificar, porque preferiríamos
relegar esta problem·tica a las clases desfavorecidas. Pero existen
individios violentos en todos los ámbitos.
En este tipo de violencia, se
impide que el otro se exprese, no hay diálogo. Se le niega su
integridad. En realidad, no hay ninguna necesidad de emplear la
fuerza para someter al otro; pueden utilizarse con la misma eficacia
medios sutiles, repetitivos, velados, ambiguos. Estos actos o estas
palabras suelen resultar más perjudiciales que una agresión directa
que implicarÌa una reacción directa.
Al intentar dibujar el perfil del
acosador o agresor, en terminología psicológica, y según la Dra.
Hirigoyen: “es lo que se conoce como el perverso narcisista. Este
sujeto solo puede existir si desmonta a alguien: necesita rebajar al
otro para adquirir una buena autoestima y, mediante ésta, el poder.
No tiene ni compasión ni respecto por el otro, puesto que su
relación el otro, no le afecta. Respetar al otro supondría
considerarlo en tanto que ser humano y reconocer el sufrimiento que
se inflige” (Hirigoyen 1999: p.109).
Y sigue: “La mayoría de estos
perversos usa su encanto y capacidad de adaptación para abrirse
camino en la sociedad dejando tras de sí personas y vidas
desvastadas. El individuo narcisista impone su domÌnio para reterner
al otro. Pretende mantener al otro en una relación de dependencia.
El otro debe permanecer para ser frustrado permanentemente; al mismo
tiempo hay que impedir que piense para que no tome consciencia del
proceso” (Hirigoyen 1999: p. 111).
El acoso psicológico persigue la
destrucción moral. Como dice Ortega y Gasset: “Un hombre
desmoralizado es simplemente un hombre que no esté en posesión de
sí mismo, que esté fuera de su radical autenticidad y por ello no
vive su vida y por ello no crea, ni fecunda, ni hinche su destino”
(G.de Rivera 2005: p.18).
En las relaciones de pareja,
suponer la complicidad de la víctima en el intercambio perverso, es
una aseveración cuando menos simplicista, sobre la gravedad de unos
hechos violentos.
Las agresiones son sutiles, no
deja un rastro tangible y los testigos tienden a interpretarlas como
simples aspectos de una realidad conflictiva entre dos personas de
carácter, cuando, en realidad, constituyen un intento violento, y a
veces exitoso, de destrucción moral e incluso física.
El agresor falsea la realidad y
opera por sorpresa y secretamente. No ataca nunca frontalmente, sino
de modo indirecto. El proceso adopta un modo particular de
comunicación, basadas en actitudes paradójicas, las mentiras, el
sarcasmo, la burla y el desprecio
El seductor trata de debilitar
para transferir mejor sus ideas; así el dominador puede llegar a
apropiarse de la víctima, igual que un verdadero lavado de cerebro.
Según el Dr. J.Baudrillard: “
La seducción conjura la realidad y manipula las apariencias. Ejercer
una influencia sobre alguien supone conducirlo, sin argumentar, a que
decida o se comporte de una forma diferente a como la haría de forma
espontánea.
Y esencialmente se lleva a cabo
mediante la seducción y la manipulación, se trata de imponerse, de
anular las capacidades defensivas y el sentido crítico de la
víctima, y así se elimina toda posibilidad de que ésta se pueda
rebelar” (Hirigoyen 1999: p. 80).
La transformación de la víctima
comienza también a exteriorizarse. Se inicia así un proceso de
aislamiento. La víctima ha sido acorralada a una posición
defensiva, presa del estrés y la depresión, el estado fésico
exterior habla por sí mismo; mientras que el agresor se presenta al
observador con un aire de perfecta inocencia y comodidad.
La víctima pierde la noción de
su propia identidad. No puede pensar ni comprender. El objetivo es
negar su persona y paralizarla para que no pueda surgir un conflicto.
Se la tiene que atacar sin perderla.
La víctima no existe en tanto que
persona, sino en tanto que soporte de una cualidad de la que el
perverso intenta apropiarse. El perverso agarra a la vÌctima por sus
principios básicos: sacrificio por los demás, valoración del
trabajo y honradez.
La víctima necesita dar y los
perversos narcisistas necesitan tomar. La víctima tiene una
tendencia natural a culpabilizarse; y el perverso rechaza cualquier
culpabilidad.
La
víctima ideal es descrita por el psiquiatra alemán Tellenbach: “La
víctima es una persona escrupulosa que tiene tendencia natural a
culpabilizarse”; lo describe, “como un carácter predepresivo, el
typus melancolicus.
Se trata de personas apegadas al orden, en el ámbito del trabajo y
en el de las relaciones sociales, que se sacrifican por los demás y
que aceptan con dificultades que los demás las ayuden. Esto les
ayuda a no tener mala conciencia” (Hirigoyen 1999: p.126).
El etólogo Boris Cyrulnik,
escribe: “A menudo los melancólicos se casan con personas carentes
de emotividad. El miembro menos sensible de la pareja vive su modesta
vida no afectiva tanto más tranquilamente cuanto que el miembro
melancólico, con motivo de su permanete culpabilidad, asume todas
las preocupaciones. Los predepresivos se ganan el amor del otro
siendo generosos y poniéndose a su disposición. Los perversos
narcisistas se aprovechan de ello” (Hirigoyen 1999: p.126).
Para finalizar el retrato
psicológico de los protagonistas de este conflicto, según
Hirigoyen: “Los perversos no atacan la parte melancólica, sino la
parte viva: perciben la vitalidad e intentan apropiarse de ella”
(Hirigoyen 1999:128).
Conclusiones:
En todas las épocas ha habido
seres carentes de escrúpulos, calculadores y manipuladores, y para
los que el fin justifica los medios. Hoy día, la sociedad crea una
competitividad y rivalidad que favorece el desarrollo de procesos
perversos, lo vemos en la forma actual de hacer política, en los
abusos de estafas de fraudes fiscales; todo ello fomentado por la
corrupción que se impone, y que se ha convertido en moneda
corriente.
Pero el hecho, es que en una
sociedad injusta, seguirán existiendo miles de seres humanos,
víctimas de los abusos, en cualquier ámbito donde la perversión
humana se haya instalado y, a esto, es donde nuestra tolerancia debe
poner límites.
Bibliografia:
Gonzalez de Rivera y Revuelta, J.L.: Las
claves del mobbing.
EOS. (2005)
Hirigoyen, M.France:
El
acoso moral. El maltrato psicolÛgico en la vida cotidiana.
Paidós.(1999).
Mujeres
maltratadas. Los mecanismos de la violencia en la pareja. Paidós.
(2006).

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